Una
cirugía que devuelve la visión
La Nación. Buenos Aires.
Publicado en la edición impresa: Ciencia/Salud
5 de Noviembre del 2003
La técnica de implante de anillos intracorneales
posterga las consecuencias del "queratocono"
El procedimiento tiene autorización de Anmat
desde 2002
El primer estudio local mostró que, en tres
años, de 67 pacientes sólo tres necesitaron
un trasplante de córneas "Doctor,
no aguanto los lentes de contacto todo el día...
Uno se me cae y el otro se corre." Con esta
consulta, casi en tono de queja, muchos pacientes
deambulan por los consultorios de los oftalmólogos
en busca de una solución a lo que creen es
sólo miopía o astigmatismo.
Sin embargo, la intolerancia al uso de lentes
de contacto es el primer síntoma del queratocono
, una deformación genética y progresiva
de la estructura de la córnea, en forma
de cono, que altera la visión y afecta
a una de cada mil personas de entre 18 y 35 años.
Hasta 2002, la única solución disponible
para esos pacientes en la Argentina era el trasplante
de córnea. Con la aprobación de
la Administración Nacional de Medicamentos,
Alimentos y Tecnología Médica (Anmat),
un grupo de oftalmólogos introdujo el implante
de anillos intracorneales , un nuevo procedimiento
quirúrgico que compensa la falta de visión
por queratocono .
Esta nueva técnica, que consiste en colocar
en la córnea uno o más segmentos
semicirculares para corregir su superficie, podría
evitar el injerto en un 70%de los pacientes.
"La experiencia científica mundial
con los anillos no supera los ocho años,
pero hasta ahora se ha observado que la evolución
del queratocono se detiene -explicó el
doctor Roberto Albertazzi, pionero de esta técnica
en nuestro país-. En general, son pacientes
jóvenes con una expectativa de vida muy
larga, pero es preferible que se queden con su
córnea y no con una prestada."
Durante el Congreso Argentino de Oftalmología
realizado en Rosario en septiembre último,
Albertazzi presentó los resultados del
primer estudio local. De 67 pacientes a los que
este profesor de la Facultad de Medicina de la
Universidad del Salvador les implantó los
anillos desde febrero de 2000, sólo tres
necesitaron un trasplante de córnea. Los
demás mejoraron la visión y toleran
tanto los anteojos como los lentes de contacto.
Para mantener los estándares científicos
internacionales que rigen desde hace diez años
en la aplicación de este procedimiento,
Albertazzi y un grupo de oftalmólogos de
Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza
y Río Negro formaron a principios de este
año la red Keratop. Entre ellos actualizan
la técnica, realizan interconsultas a modo
de control de calidad del procedimiento utilizado
en cada paciente y, en especial,
responden las consultas de pacientes vía
Internet ( www.geocities.com/redkeratop o redkeratop@ciudad.com.ar
).
Con la iniciativa propia de los científicos
argentinos, Albertazzi mejoró el método
que se usa en el mundo. Creó un sistema
para poder colocar segmentos asimétricos
de diferente espesor según el valor de
la miopía o el astigmatismo del paciente
para lograr mayor confort y aumentar la agudeza
visual.
En las personas con queratocono , ni la miopía
ni el astigmatismo son un vicio de refracción
generado, como en las personas "normales",
por el agrandamiento del ojo. "En ellos,
todo depende de la deformación corneal
-señaló la doctora Cosentino , jefa
del Servicio de Córnea del Hospital de
Clínicas e integrante de Keratop-. Todos
tienen astigmatismo, pero no necesariamente son
miopes."
El queratocono y el implante de los anillos se
estudia según la curvatura y el espesor
de la córnea, y también el grado
de astigmatismo y miopía. Para el doctor
Gustavo Galperín, jefe del Servicio de
Córnea del hospital Lagleize y miembro
de Keratop, "el secreto del éxito
de esta técnica es que los anillos estén
bien indicados". Esto ocurre, según
el especialista, en los pacientes con el diagnóstico
adecuado tras una topografía corneal, que
aún tengan la córnea transparente
y que no toleren los lentes de contacto.
"Los anillos emparejan la superficie del
ojo para permitir una visión más
clara -agregó Cosentino-. No significa
que se cura la patología, sino que se puede
postergar la indicación del trasplante
y mantener la calidad de vida sin necesidad de
una córnea trasplantada."
Ese es el caso de Analía Viegas, una docente
de la Escuela de Enfermería de la Cruz
Roja Argentina y comerciante, de 32 años.
Con diagnóstico de queratocono en los dos
ojos, el trastorno sólo le permitía
ver bultos, imágenes opacas y sin forma.
"A mis hijos los distinguía vagamente,
por la ropa -dijo-. Creía que tenía
miopía y astigmatismo, pero en un año
mi visión se redujo del 60 al 20 por ciento."
Cuando le indicaron el trasplante de córnea
porque ya no toleraba los lentes de contacto,
"el mundo se me vino abajo... Enseguida pensé
en mis hijos y todo se me oscureció, pero
también quería ver -recordó-.
Sabía que la operación era riesgosa,
pero me animé". Ahora, según
afirmó, ve bien; usa anteojos con poco
aumento en un ojo y sólo de descanso en
el otro. "Uno se da cuenta del valor de la
vista cuando le falta", aseguró a
dos años de la cirugía .
Claudia Rodríguez , una psicopedagoga
de 27 años que también se sometió
a la cirugía , recordó que "en
un solo ojo veía todo muy nublado y con
un humito negro que se movía". Sin
ocultar su alegría, aseguró que
a los 15 días del implante "estaba
de vacaciones y metida en el mar".
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACIÓN

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